Arabia Saudita, Pakistán y Türkiye firmó el pasado 7 de agosto el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, un pacto que establece que cualquier ataque armado contra uno de los tres países será considerado una agresión contra todos. El instrumento busca construir una arquitectura de seguridad regional menos dependiente de las decisiones, intereses y contradicciones de las potencias externas.
La fórmula recuerda al principio de defensa colectiva de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), aunque aún faltan por conocerse detalles fundamentales sobre sus mecanismos de aplicación, la cadena de mando, la coordinación operativa y las obligaciones militares específicas de cada miembro.
Durante décadas, la seguridad de Medio Oriente fue diseñada principalmente desde Washington, Londres, París o Moscú. Las potencias externas establecieron bases, vendieron armamento, promovieron alianzas circunstanciales y, en demasiadas ocasiones, convirtieron a la región en escenario de sus propias disputas. El resultado, señalan analistas, no fue estabilidad sino dependencia, intervenciones, guerras prolongadas y Estados obligados a esperar garantías que no siempre llegaron.
Los tres Estados aportan capacidades distintas y complementarias. Arabia Saudita posee recursos económicos, influencia diplomática y una ubicación estratégica para la seguridad energética mundial. Pakistán cuenta con uno de los ejércitos más importantes de Asia, experiencia militar y capacidad nuclear, aunque el acuerdo no confirma la existencia de una garantía nuclear compartida. Türkiye, por su parte, aporta el segundo ejército más grande de la OTAN, una industria de defensa en expansión y una posición geográfica que conecta Europa, Asia, el Cáucaso, el Mediterráneo y Medio Oriente.
El papel de Türkiye resulta especialmente relevante en este nuevo acuerdo. Durante mucho tiempo, algunos gobiernos occidentales esperaban que Ankara actuara únicamente como frontera oriental de la OTAN y siguiera decisiones tomadas fuera de la región. Sin embargo, Türkiye ha demostrado que pertenecer a una alianza occidental no significa renunciar a una política exterior autónoma, manteniendo relaciones estratégicas con Asia, África, el mundo musulmán y el Sur Global.
Los drones, sistemas navales, vehículos blindados y proyectos aeroespaciales turcos han convertido al país en un actor tecnológico, no solamente en un comprador de armamento. Ankara también puede ofrecer experiencia diplomática, capacidad de mediación y una visión de seguridad que combine disuasión con negociación.
Este acuerdo también expresa una realidad incómoda para las potencias tradicionales: la confianza en las garantías occidentales se ha debilitado. Los aliados de Estados Unidos han observado que la protección ofrecida puede ser selectiva y depender de intereses políticos cambiantes. La ausencia de límites frente a las acciones unilaterales de Israel y la expansión de los enfrentamientos con actores regionales han incrementado la percepción de vulnerabilidad en toda la región.
Para que el Pacto de La Meca contribuya verdaderamente a la paz, tendrá que establecer límites claros. No puede convertirse en un instrumento para trasladar a todos los integrantes las disputas bilaterales de alguno de ellos. Las tensiones entre Pakistán e India, las diferencias con otros actores regionales o cualquier conflicto interno no deberían activar automáticamente una confrontación colectiva.
El éxito del pacto dependerá de que produzca disuasión sin alimentar una nueva carrera armamentista. Su función debe ser prevenir ataques, proteger infraestructuras, garantizar rutas comerciales y facilitar respuestas conjuntas ante el terrorismo, los drones, los misiles y las amenazas híbridas. También tendría que complementarse con iniciativas diplomáticas que incluyan a otros actores regionales.
El Pacto de La Meca no representa todavía una transformación definitiva del equilibrio mundial, pero sí una señal de que el orden unipolar continúa debilitándose. Arabia Saudita, Pakistán y Türkiye ya no quieren ser solamente piezas dentro de estrategias diseñadas por otros: aspiran a convertirse en arquitectos de su propio entorno.
Con información de El Heraldo de México.
