Las presidentas de México y Perú, Claudia Sheinbaum y Keiko Fujimori, respectivamente, alcanzaron un acuerdo para restablecer las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, rotas desde hace dos años, y que habían atravesado una de las etapas más complejas de su historia compartida.
El viernes, la presidenta Sheinbaum reveló el entendimiento reconciliatorio que se construyó a lo largo de las últimas semanas. Ambos países labraron una negociación que permite dar por superado un conflicto heredado e iniciar una relación en sus propios términos.
El origen de la ruptura se remonta a diciembre de 2022, cuando el Congreso peruano destituyó a Pedro Castillo, presidente que enfrentaba acusaciones de corrupción y que intentó disolver el parlamento al verse acorralado. El entonces presidente Andrés Manuel López Obrador deploró la detención de Castillo y solicitó asilo para su familia. Las tensiones escalaron hasta la expulsión del embajador mexicano en Lima, Pablo Monroy Conesa, el 20 de diciembre de 2022.
Las relaciones se aggravaron en noviembre del año pasado, cuando Betssy Chávez, ex primera ministra con Castillo, solicitó asilo en la representación diplomática mexicana. México demandó el salvoconducto, pero el gobierno peruano lo negó al señalar que ella estaba bajo proceso por conspiración. Brasil asumió desde enero de este año la custodia de la sede mexicana.
Esta crisis afectó también un mecanismo de integración regional: México se negó a entregar la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico al gobierno peruano. Esa situación se resolvió cuando Chile, a través del presidente Gabriel Boric, intermedió como receptor temporal del cargo en junio de 2023, para semanas después trasladarlo a Lima. En enero de este año, México retomó el ciclo de esa presidencia.
Desde el viernes, México y Perú tienen un nuevo entendimiento que refleja el pragmatismo de la administración Sheinbaum para recuperar terreno diplomatico. La presidenta mexicana se ha adjudicado el restablecimiento de la relación, ganando simultáneamente el salvoconducto para Betssy Chávez, quien desde entonces se encuentra en territorio nacional, y el reconocimiento de que puede establecer relaciones con gobiernos de orientación política diferente.
Para el movimiento que respalda al gobierno, esto representa también una ganancia. Sheinbaum se ha mostrado como una figura pragmática que busca resultados concretos sin generar conflictos. La normalización de las relaciones México-Perú allana el camino para fortalecer los lazos empresariales y turísticos entre ambas naciones.
La señal más importante es que el gobierno mexicano demostró habilidad para negociar con Perú más allá de afinidades ideológicas, considerando el antecedente de que el Congreso peruano había declarado persona non grata a López Obrador. Con esto como base, existe margen para que la mandataria amplíe las relaciones diplomáticas de México con países como Colombia, Chile y Argentina, incluso con administraciones de distinto signo político.
Con información de EL PAÍS.
