El 5 de septiembre de 1828, la Legislature del entonces Estado de Occidente emitió el decreto número 77 mediante el cual desapareció oficialmente el nombre de Villa del Pitic y nació la Ciudad de Hermosillo. El homenajeado, José María González de Hermosillo, jamás conoció el territorio que llevaría su apellido de manera permanente.
La paradoja tiene casi dos siglos de historia. El inmue combuste de la Independencia mexicano había recibido la encomienda de extender la rebelión hacia Sinaloa y Sonora, pero su campaña militar se detuvo en el sur. En diciembre de 1810 logró tomar El Rosario, en el actual territorio sinaloense, y su avance hacia el norte se frenó tras la derrota insurgente en San Ignacio de Piaxtla, en febrero de 1811.
El historiador Luis Pérez Verdía registró en las Memorias de la Academia Mexicana de la Historia que González de Hermosillo “nunca llegó a pisar Sonora”. El combates cayó en 1818, una década antes de que su apellido quedara unido de manera indeleble a la actual capital sonorense.
La intención de honrar a un personaje de la gesta independentista no fue casual. Según explicaron integrantes de la Sociedad Sonorense de Historia, el cambio de nombre respondió al ambiente nacionalista que siguió a la Guerra de Independencia, cuando diversas regiones buscaban alejarse de símbolos vinculados con el dominio colonial español. Juan Carlos Holguín señaló que prevalecía el propósito de “dejar atrás ese pasado español” y reconocer a quienes habían participado en la lucha insurgente. Para entonces, Sonora y Sinaloa conformaban el Estado de Occidente, lo que vinculaba directamente al militar con el territorio del congreso que decidió el cambio.
Antes de recibir el nombre actual, el asentamiento acumuló más de un siglo de transformaciones. Los registros históricos sitúan el origen del lugar el 18 de mayo de 1700, con la fundación de la Santísima Trinidad del Pitic. En 1741 se estableció el presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic y el 29 de agosto de 1783 se le concedió la categoría de villa.
La decisión tomada en 1828 resultó definitoria para la entidad. Tres años después, al constituirse Sonora como estado, Hermosillo se convirtió en su primera capital entre mayo de 1831 y mayo de 1832. Los poderes estatales regresarían de manera definitiva a la ciudad en 1879.
Casi dos siglos después, el apellido de un insurgente que nunca recorrió las tierras que hoy llevan su nombre permanece como identidad permanente de la capital de Sonora. El decreto 77 convirtió la historia de una campaña inconclusa en parte integral del mapa urbano y cultural del estado.
Con información de El Imparcial.
