Un Congreso dividido en Estados Unidos podría limitar la capacidad de Donald Trump para avanzar en su agenda interna y, al mismo tiempo, aumentar las presiones sobre México en temas comerciales y de seguridad. La proyección de los especialistas es que Trump termine su segundo mandato con una Cámara y un Senado con distintas mayorías. Expertos consultados por Expansión Política sostienen que, de cara al resto de su mandato, esa configuración reduciría su margen de maniobra en la política local y podría impulsarlo a buscar resultados en la agenda exterior. La atención para el Gobierno mexicano recaería no solo en Washington, sino también en la relación bilateral.
Restricciones en Washington y mayor presión exterior
Rafael Velázquez, presidente del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM) y profesor de la Universidad Autónoma de Baja California, sostuvo que la división proyectada reduciría el margen de maniobra de Trump. Si el Congreso tuviera una mayoría decisiva favorable al presidente, habría mayor espacio para presentar iniciativas nacionales. El problema, explicó, es que las restricciones en el Capitolio podrían trasladarse al terreno internacional. Al tener menos control sobre su propia agenda, el presidente buscaría áreas donde la política exterior ofrece mayor libertad de acción y cuyos resultados puedan presentarse ante la opinión pública como avances. México, por su vecindario y dependencia comercial, sería una de las arenas donde esa estrategia tendría consecuencias directas.
José Andrés Sumano, profesor de El Colegio de México, explicó que un presidente debilitado en el interior no necesariamente lo estaría en su relación bilateral con México. Al cierre de su mandato, Trump podría tratar de recuperar margen político y aprobación mediante un resultado relevante en seguridad con el país vecino. Sumano planteó que esa presión podría centrarse en la agenda conocida como narcopolítica, por lo que la vecindad regional y la cooperación en asuntos antinarcóticos adquirirían mayor peso en la relación bilateral. Para el Gobierno mexicano, esa posibilidad fortalece la necesidad de conservar canales de diálogo y marcos de trabajo que permitan responder sin prescindir de la soberanía nacional.
Dos escenarios de riesgo para el país
El análisis también consideró el escenario contrario. Si los republicanos conservaran el Congreso, Trump tendría más fuerza para presentar iniciativas y, según los expertos, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte quedaría en una zona de riesgo durante el resto de su presidencia. Por eso, un Legislativo dividido no debe interpretarse como un resultado automático favorable para México: puede reducir la capacidad interior del presidente estadounidense y, al mismo tiempo, concentrarle más atención en la relación bilateral. El factor decisivo será el uso que la Casa Blanca haga de ese margen, no únicamente quién controle el Capitolio.
Para el Gobierno de México que dirige la presidenta Claudia Sheinbaum, la principal alerta está en la falta de previsibilidad. El Gobierno federal tiene interés en mantener reglas claras para el comercio regional, preservar la competencia de las empresas mexicanas y fortalecer la cooperación en seguridad. Un eventual endurecimiento de los compromisos con Estados Unidos y Canadá no tendría por qué significar el fin del acuerdo, pero sí podría introducir condiciones adicionales, mayores exigencias unilaterales y una menor certidumbre para las empresas. En seguridad, la búsqueda de resultados visibles en la lucha antidrogas podría generar nuevas exigencias y estrechar el margen de maniobra de las autoridades mexicanas. La respuesta institucional más sólida consistiría en sostener el diálogo bilateral, verificar los compromisos adquiridos y aplicar controles proporcionales, con apego a la soberanía y a los acuerdos vigentes.
Impacto para Hermosillo y la frontera sonorense
Para Hermosillo y el resto de Sonora, una agenda unilateralmente más dura en Washington tendría efectos económicos y operativos. Los cruces fronterizos de Nogales concentran el movimiento de carga y pasajeros entre Sonora y Arizona, por lo que la aplicación de nuevas medidas, inspecciones o requisitos de documentación podría elevar costos y reducir la previsibilidad de las operaciones. En la capital sonorense, el efecto podría alcanzar a las empresas de manufactura y exportación que dependen de cadenas de producción regionales. Una menor certeza sobre las reglas comerciales también afecta las decisiones de inversión, proveedores y continuidad logística. Aunque los efectos más directos se observarían en la franja fronteriza, la tensión en la relación bilateral tendría efectos regionales. Para Sonora, el seguimiento de la política estadounidense se torna indispensable para anticipar decisiones que impactan el empleo, el comercio exterior y la seguridad de las comunidades.
En el ámbito regional, el seguimiento de la política estadounidense se articula con la agenda de desarrollo de Sonora, bajo la administración del gobernador Alfonso Durazo, y con los planes de los municipios fronterizos. La coordinación entre autoridades, empresas, instituciones objetivas y dependencias federales resulta clave para atender los efectos de eventuales anuncios de medidas y mantener abiertos los canales de comunicación con Estados Unidos. El Congreso dividido no elimina los riesgos para México: cambia su naturaleza y concentra la atención diplomática en decisiones unilaterales. Para Hermosillo, la estabilidad de la relación bilateral se convierte así en una variable económica y de seguridad que compite con las prioridades de inversión, comercio regional y cohesión social.
Con información de Expansión Política.
